domingo, 17 de febrero de 2013

Máare: not so much

Antes que nada, quisiera pedir una disculpa por la demora en escribir. 
Los sucesos fueron los siguientes: Quería yo escribir una entrada sobre la comida china en la calle durante las festividades del año nuevo chino de la calle de Dolores en el Centro. Digo "quería" porque ya que había degustado unas buenas brochetas y unos rollos primavera bastante insípidos entre los muchísimos puestos de chácharas... una de las cuestiones que no contemplé fue que mi estómago no está tan curtido para esas aventuras culinarias pedestres y sufrí de una intoxicación alimentaria toda la semana: fatal fatal fatal
En fin, para no detallar algo que acabó siendo violento para mi salud, decidí ir el día de hoy - domingo - a probar el Máare Hanal que se encuentra enfrente del quiosco morisco de la colonia Santa María la Ribera.
El lugar se encuentra a sólo un local de distancia del famoso restaurante ruso Kolobok (del cual espero escribir pronto) sobre la calle de Doctor Atl.
En teoría - nótese el "en teoría" - se vende comida yucateca. Esto es importante para mí ya que delimita mi objetivo doble al asistir al local; mi madre es una amante de la cocina y, además, es yucateca, por lo cual yo crecí en una casa en donde la cochinita pibil, el but negro, el frijol con puerco, el queso relleno y el chile habanero, entre otras delicias de la cocina regional peninsular, eran comunes en la mesa los fines de semana, días de fiesta y - de vez en cuando - en la comida diaria. Mi padre había escuchado muy buenas referencias del Máare Hanal y mi madre me envió como espía para saber si si la podría llevar a comer allí dado que siempre estamos en busca de restaurantes yucatecos en donde la comida sepa a lo que debe de saber. El otro objetivo, por supuesto, era probarlo para reseñarlo en este bonito espacio.
La comida yucateca es reconocida internacionalmente por sus sabores y por sus colores. La comida para los yucatecos es un privilegio en su preparación y es altamente importante en su cultura, por lo cual resulta importante que sepa a sus orígenes. Es un abanico gastronómico en donde podemos encontrar vocablos mayas mezclados con palabras en castellano, sabores europeos como el queso de bola, mezclados con las especias y sabores propios del Mayab, materias primas como el jabalí, el venado, el puerco, el pavo y el faisán y un sinnúmero de posibilidades para todos los paladares.
Con toda esta cuestión cultural de fondo, llegué con grandes expectativas al Máare Hanal para poder probar un poco de mi casa pero, para mi sorpresa, la bienvenida fue con la mesera anunciándonos que ya se les había acabado la cochinita pibil, crucial para un restaurante en donde el ochenta por ciento del menú tiene como base a la cochinita y que sólo quedaría para una orden de panuchos, de tacos o una torta. Ante tal anuncio, decidí pedir una sopa de lima (de mis favoritas) la cual, tradicionalmente, es un caldo de pollo especiado, con tortillas fritas, cebolla morada y una rodaja de lima agria, la cual se come de manera integral. Mire a mi alrededor y noté que habían algunas fotos de los platillos (entre los múltiples afiches turísticos de lugares como Mérida, Ek' Balam, Progreso y Valladolid) y, a decir verdad, la fotografía de la sopa de lima prometía mucho. Lo que conseguí fue un plato bastante insípido de caldo de pollo sin su lima y que me dejó un poco triste. A la par, Chu pidió sólo un panucho de cochinita pibil, el cual al parecer no dio mucho de qué hablar, dado que la tortilla no estaba frita frita frita en aceite como a uno le gusta, no tenía frijolitos refritos ni nada de lo que hace a un panucho la estrella del plato. 
De segundo plato, pedí una cosa llamada "bomba yucateca" haciendo alusión a las rimas típicas de los yucatecos, lo cual - esencialmente - era una versión un poco simplificada de una gringa, es decir, una quesadilla de pavo con queso y con salsa de chile habanero. El pavo estaba demasiado grasoso para mi gusto y el sabor del queso se perdía completamente dentro de la estructura del plato; Chu pidió unos salbutes, son tortillas fritas en aceite o en matenca de cerdo, con pollo pibil, lechuga, jitomate, cebollas curtidas y aguacate, los cuales no estaban nada mal pero en realidad no estaban a la altura de lo que prometían. 
Lo que llama más la atención es que dentro de su menú en donde figuran los tacos, tortas, salbutes y panuchos de cochinita pibil, la sopa de lima y los tamales yucatecos, también figuran platillos poco comunes en los restaurantes yucatecos como lo es el pan de cazón, por lo cual me llamó la atención que le dedicaran más espacio a la creación de "ensaladas yucatecas" en vez de integrar platillos como los papadzules (tacos de huevo duro en salsa de pepita de calabaza y tomate que son como para chuparse los dedos y engordar miles y miles de kilos en un bocado), el poc chuc (carne de cerdo asada y marinada en naranja agria con cebolla morada) u otros platos que pudieran alimentar más al comensal.
Dentro de todo no puedo decir que comí mal, pero tampoco comí como esperaba. Me quedé con más ganas de ir al Kolobok y probarlo, para ser francos. En fin, les dejo esta opinión y, como siempre los invito a crearse la suya propia.
Salsa de chile habanero, sopa de lima y panucho de cochinita pibil en Máare Hanal

Salbutes de pollo pibil

La dirección del Máare Hanal es Doctor Atl 183, colonia Santa María la Ribera, delegación Cuauhtémoc, Distrito Federal.

lunes, 4 de febrero de 2013

Boca del Río: la felicidad hecha ostión

El sábado pasado decidimos aprovechar el puente y la llegada de la quincena para ir a comer a otro de nuestros lugares favoritos: el restaurante Boca del Río, el cual se encuentra sobre la Ribera de San Cosme en la colonia San Rafael. Es un poco complicado encontrarlo dado que los puestos ambulantes se han comido la calle, pero si uno se fija bien, entre las muchas zapaterías, encontrará el local cuyo letrero es todo menos pequeño.
Boca del Río comenzó siendo un pequeño changarro en Tepito en el año 1941. Conforme se comenzó a saber de la calidad de la comida, el changarro creció y se movió a un local de buen tamaño sobre Calzada de Guadalupe, para - finalmente - establecerse en un local masivo sobre la Ribera de San Cosme, en donde se encuentra en estos días. El lugar es enorme y hay mesas por todos lados; según nuestros cálculos caben alrededor de 750 personas y es que, además, tienen un segundo piso que pareciera no estar abierto todos los días. Además de las miles de mesas, cuenta con una larga barra para aquellos que van solos y que aprovechan para ver el futbol en las pantallas, la barra en sí tiene varias fotos de los platillos que, si bien no están comidas por el sol, siguen denotando que hace muchos años que se tomaron.
La decoración denota que el restaurante se quedó atrapado en los años setenta, desde las sillas verdes de cantina, hasta las decoraciones que se ponen en los muros de acuerdo a la temporada en las cuales se observan diseños (en este caso el tema giraba en torno al Día de San Valentín) que ya no se hacen hace muchos, muchos... muchos años. Ahora que fuimos habían corazones de papel y cupidos por todas partes, a los que se les suman las flores de plástico que cuelgan de los televisores y de las columnas y las diversas aves tropicales de decoración que cuelgan de los techos. En fin, es un lugar que ralla entre lo folclórico y lo pintoresco.
Si uno se detiene a observar las mesas verá de todo. Desde las familias que van a comer en fin de semana - con niños por doquier - hasta las personas que laboran por la zona, pasando por las parejas, los vecinos de la colonia, etc. así que uno se puede dar cuenta que Boca del Río llegó a la colonia San Rafael para ser uno de los lugares "de barrio", que todos conocen, ubican y les gusta ir a probar la comida.
El servicio es de primera. Si bien no es un restaurante elegante ni caro, las meseras (se pone en femenino porque el 90 por ciento de aquellos que atienden las mesas son señoras) son de lo más agradable, siempre atienden con una sonrisa en el rostro y con ganas de saber que el comensal se la está pasando bien y está comiendo como debe de ser. De la misma forma, los platos siempre llegan rápido y llegan bien presentados y servidos, cosa que siempre se agradece cuando el hambre ruge. 
Ahora, a lo que nos truje. 
De primer plato pedimos dos cocteles; yo pedí uno de camarón y Chu pidió uno campechano (camarón con ostión), los cuales se preparan con salsa catsup - notablemente mejorada por el equipo de cocina - aguacate, cilantro, cebolla y limón. Los cocteles se pueden pedir de distintos tamaños (el más pequeño es en el típico vaso de coctel, el que le sigue en un vaso de malteada y el más grande en una bola) y de distintos bichos del mar, todos de la mayor frescura y limpiecitos, así se satisfacen todos los gustos de probar camarones, caracoles, pulpos, ostiones, jaibas y demás delicias del mar.
Coctel de camarón chico y - detrás - coctel campechano chico en Boca del Río
De segundo plato decidimos pedir a lo grande. Y es que siempre que íbamos, solíamos pedir un coctel en bola y - a lo mucho - una tostada o quesadilla de camarón o jaiba, y con eso uno ya se daba por servido y empachado. Pero en esta ocasión, Chu pidió un filete de pescado, el cual venía acompañado con arroz y ensalada, un platillo que - claramente - es más casero y que satisface las ganas de comer algo que parezca "hecho en casa", mientras que yo decidí tirar la casa por la ventana y pedir unos ostiones 3-3-3-3, es decir, que vienen tres de cada una de sus especialidades: A la diabla, Roquefort, A lo macho y Rockefeller (es decir, gratinados con espinacas). Todos ellos venían increíblemente bien servidos, con el queso burbujeante (como debe de ser para saber que acaban de salir del horno) y con un sabor que daban ganas de chuparse los dedos. No mentiré, eso fue lo que hice antes de tomar un pan y sopear el plato. Si a todo esto se le suman unas cervezas bien frías... ¿Qué decir? Se me sigue haciendo agua la boca.
Nosotros decidimos probar algo nuevo, pero en la carta se pueden encontrar todas las variedades de mariscos y las distintas formas de preparación. Es decir, encontramos desde las tostadas y el aguachile de camarón, pasando por los cocteles y los ceviches, hasta las distintas maneras de preparar camarones, pulpos, calamares, langostas, langostinos, ostiones, almejas y cangrejos, todos ellos comprados el mismo día, lo cual asegura la limpieza y la frescura necesaria para una materia prima que puede llegar a ser tan delicada y dañina si no está bien preparada. 
Dentro de todo, la experiencia en Boca del Río fue increíble. Es un lugar en donde uno se la pasa bien, come a gusto, lo tratan bien y, sobre todo, no se termina en bancarrota. Además es siempre bueno encontrar lugares en donde preparen platillos "tradicionales" de la costa mexicana, sin llegar a ser un restaurante de especialidades sinaloenses como es el caso de Los Arcos o los tacos de pescado y camarón de El Sinaloense. Aquí, uno puede comer y probar lo que sea.
Si ustedes son como yo que, felizmente, firmaría y empeñaría mi alma por un plato de mariscos, les recomiendo ampliamente el restaurante Boca del Río, les prometo que saldrán con una gran sonrisa y con un empacho feliz.
La dirección del lugar es Ribera de San Cosme 42, colonia San Rafael, delegación Cuauhtémoc, México D. F.

Ostiones 3-3-3-3

Filete de pescado con ensalada y arroz