martes, 21 de mayo de 2013

La comida de una vida

Dado el caso de que mi economía no me ha permitido ir a probar lugares nuevos para reseñar, en esta entrada decidí hacer un pequeño recorrido por mi historia personal con la comida, y el lugar que ésta ocupa dentro de mi vida.
Una de las cosas más difíciles, en cuanto a recuerdos, es tratar de ir a aquellos que pasaron casi al principio de nuestra vida, y si además le añadimos la variable de pensar en nuestro primer recuerdo culinario, las cosas tienden a complicarse. Mi primer recuerdo con la comida es de cuando mis papás me llevaban de pequeña a Colonos, una suerte de fonda e-nor-me en Mérida, Yucatán que sirven antojitos yucatecos que siempre vienen con gran sabor y gran cantidad. Me sentaban en mi sillita y mi mamá me pedía ceviche de pescado, el cual me encantaba comerme con las manos y hacer sonidos cuando el toque ácido llegaba a mí, cosa que divertía mucho a mi mamá. De allí se desprenden muchos recuerdos que no se logran diferenciar mucho porque en mi mente se confunde Colonos con la Fonda 99.99 de la colonia del Valle en la Ciudad de México, a donde - hasta la fecha - vamos mucho, por ser de la mejor comida yucateca que se puede conseguir en el DF. De allí, tengo recuerdos de mi infancia que se mezclan entre los panuchos de pavo, fritos y rebosados en aceite hasta decir basta, con su cebollita morada y el pavo perfectamente bien cocinado, los tacos de cochinita que los partía en cachitos para que duraran más y los codzitos, que - básicamente - son unos tacos "de aire" o con muy poca carne molida, fritos, con caldillo de jitomate y queso espolvoreado. 
En cuanto a la comida más "elevada", o gourmet, recuerdo perfectamente (y hasta la fecha lo saboreo como si fuera ayer) una vez que un amigo de nuestra familia nos preparó en su casa en Tepoztlán un cordero a la menta. Yo tenía alrededor de nueve años y el sabor de la menta con el cordero, la consistencia de la carne, junto con una copa pequeña de vino que me habían dado para acompañar la comida, me hicieron agua la boca. Hace un poco menos de un año, este mismo amigo nos volvió a invitar a comer otro cordero que había preparado, pero en ningún momento logró igualar el sabor y los recuerdos que me trae todavía el primero que hizo para nosotros.
Cuando mi papá viajaba mucho por cuestiones de trabajo, comenzamos una tradición navideña de comenzar nuestra cena con una o dos rebanadas de paté de foie gras de ganso, un paté delicioso, sedoso y con una cantidad enorme de sabor para las pequeñas porciones que se alcanzan a comer. Este ha sido uno de las proteínas que más han marcado mi historia culinaria, y la de mi hermano - el cual le llamaba fraguá - ya que era el platillo que esperábamos todo un año para que llegara a nuestros paladares. Si a eso se le sumaba el gran arte que tiene mi mamá para cocinar, en este caso, un pato o un pavo para todos con especias y mantequilla al horno... ¡mmmmmmmmm! Es una de las razones primordiales por las cuales la Navidad es toda una celebración a la comida en mi casa. 
Finalmente, el otro recuerdo de comida que queda tatuado en mi mente como parte de mi historia, fue una de las Navidades que pasé en Francia, en donde me atasqué de todo lo que tenía cara de comestible, desde paté de jabalí, conejo con manzanas y, cuando llegué a casa de mis tíos para el año nuevo, una mesa inmensa de crustáceos que iban desde los ostiones vivos hasta los berberechos y bericuetos, que hicieron que los ojos se me salieran de la anticipación. La cuestión de ponerles limoncito y ver como se retorcían, para después zampármelos uno por uno, hacía que uno perdiera todo tipo de decoro y que cuando quedaba la última concha en la mesa, no me hice de la boca chiquita y les arrebaté a todos los comensales el último bocado de placer.
Es un ejercicio divertido el intentar medir la vida de uno en términos de platillos y bocados. La comida es parte fundamental de mi vida y de mi historia y quería compartirla con ustedes, en espera de que pronto les tenga nuevas noticias de los lugares a dónde ir a comer en esta hermosísima Ciudad de México.

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