El sábado pasado decidimos aprovechar el puente y la llegada de la quincena para ir a comer a otro de nuestros lugares favoritos: el restaurante Boca del Río, el cual se encuentra sobre la Ribera de San Cosme en la colonia San Rafael. Es un poco complicado encontrarlo dado que los puestos ambulantes se han comido la calle, pero si uno se fija bien, entre las muchas zapaterías, encontrará el local cuyo letrero es todo menos pequeño.
Boca del Río comenzó siendo un pequeño changarro en Tepito en el año 1941. Conforme se comenzó a saber de la calidad de la comida, el changarro creció y se movió a un local de buen tamaño sobre Calzada de Guadalupe, para - finalmente - establecerse en un local masivo sobre la Ribera de San Cosme, en donde se encuentra en estos días. El lugar es enorme y hay mesas por todos lados; según nuestros cálculos caben alrededor de 750 personas y es que, además, tienen un segundo piso que pareciera no estar abierto todos los días. Además de las miles de mesas, cuenta con una larga barra para aquellos que van solos y que aprovechan para ver el futbol en las pantallas, la barra en sí tiene varias fotos de los platillos que, si bien no están comidas por el sol, siguen denotando que hace muchos años que se tomaron.
La decoración denota que el restaurante se quedó atrapado en los años setenta, desde las sillas verdes de cantina, hasta las decoraciones que se ponen en los muros de acuerdo a la temporada en las cuales se observan diseños (en este caso el tema giraba en torno al Día de San Valentín) que ya no se hacen hace muchos, muchos... muchos años. Ahora que fuimos habían corazones de papel y cupidos por todas partes, a los que se les suman las flores de plástico que cuelgan de los televisores y de las columnas y las diversas aves tropicales de decoración que cuelgan de los techos. En fin, es un lugar que ralla entre lo folclórico y lo pintoresco.
Si uno se detiene a observar las mesas verá de todo. Desde las familias que van a comer en fin de semana - con niños por doquier - hasta las personas que laboran por la zona, pasando por las parejas, los vecinos de la colonia, etc. así que uno se puede dar cuenta que Boca del Río llegó a la colonia San Rafael para ser uno de los lugares "de barrio", que todos conocen, ubican y les gusta ir a probar la comida.
El servicio es de primera. Si bien no es un restaurante elegante ni caro, las meseras (se pone en femenino porque el 90 por ciento de aquellos que atienden las mesas son señoras) son de lo más agradable, siempre atienden con una sonrisa en el rostro y con ganas de saber que el comensal se la está pasando bien y está comiendo como debe de ser. De la misma forma, los platos siempre llegan rápido y llegan bien presentados y servidos, cosa que siempre se agradece cuando el hambre ruge.
Ahora, a lo que nos truje.
De primer plato pedimos dos cocteles; yo pedí uno de camarón y Chu pidió uno campechano (camarón con ostión), los cuales se preparan con salsa catsup - notablemente mejorada por el equipo de cocina - aguacate, cilantro, cebolla y limón. Los cocteles se pueden pedir de distintos tamaños (el más pequeño es en el típico vaso de coctel, el que le sigue en un vaso de malteada y el más grande en una bola) y de distintos bichos del mar, todos de la mayor frescura y limpiecitos, así se satisfacen todos los gustos de probar camarones, caracoles, pulpos, ostiones, jaibas y demás delicias del mar.
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| Coctel de camarón chico y - detrás - coctel campechano chico en Boca del Río |
De segundo plato decidimos pedir a lo grande. Y es que siempre que íbamos, solíamos pedir un coctel en bola y - a lo mucho - una tostada o quesadilla de camarón o jaiba, y con eso uno ya se daba por servido y empachado. Pero en esta ocasión, Chu pidió un filete de pescado, el cual venía acompañado con arroz y ensalada, un platillo que - claramente - es más casero y que satisface las ganas de comer algo que parezca "hecho en casa", mientras que yo decidí tirar la casa por la ventana y pedir unos ostiones 3-3-3-3, es decir, que vienen tres de cada una de sus especialidades: A la diabla, Roquefort, A lo macho y Rockefeller (es decir, gratinados con espinacas). Todos ellos venían increíblemente bien servidos, con el queso burbujeante (como debe de ser para saber que acaban de salir del horno) y con un sabor que daban ganas de chuparse los dedos. No mentiré, eso fue lo que hice antes de tomar un pan y sopear el plato. Si a todo esto se le suman unas cervezas bien frías... ¿Qué decir? Se me sigue haciendo agua la boca.
Nosotros decidimos probar algo nuevo, pero en la carta se pueden encontrar todas las variedades de mariscos y las distintas formas de preparación. Es decir, encontramos desde las tostadas y el aguachile de camarón, pasando por los cocteles y los ceviches, hasta las distintas maneras de preparar camarones, pulpos, calamares, langostas, langostinos, ostiones, almejas y cangrejos, todos ellos comprados el mismo día, lo cual asegura la limpieza y la frescura necesaria para una materia prima que puede llegar a ser tan delicada y dañina si no está bien preparada.
Dentro de todo, la experiencia en Boca del Río fue increíble. Es un lugar en donde uno se la pasa bien, come a gusto, lo tratan bien y, sobre todo, no se termina en bancarrota. Además es siempre bueno encontrar lugares en donde preparen platillos "tradicionales" de la costa mexicana, sin llegar a ser un restaurante de especialidades sinaloenses como es el caso de Los Arcos o los tacos de pescado y camarón de El Sinaloense. Aquí, uno puede comer y probar lo que sea.
Si ustedes son como yo que, felizmente, firmaría y empeñaría mi alma por un plato de mariscos, les recomiendo ampliamente el restaurante Boca del Río, les prometo que saldrán con una gran sonrisa y con un empacho feliz.
La dirección del lugar es Ribera de San Cosme 42, colonia San Rafael, delegación Cuauhtémoc, México D. F.
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| Ostiones 3-3-3-3 |
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| Filete de pescado con ensalada y arroz |